Cuentame una historia

Aquí todo son historias, algunas reales, pero casi todas imaginarias porque la realidad resulta demasiado increíble.

jueves, 23 de noviembre de 2017

"55 Festival Internacional de cine de Gijón"


Entre el 17 y el 25 de noviembre se celebra el 55 Festival Internacional de Cine de Gijón (FICX) y, al igual que el pasado año, nos hemos acercado el fin de semana a pasear, comer, tomar unos culines y ver cine. 
Este festival no tiene tanta fama ni es tan glamuroso y mediático como pueden serlo el de San Sebastián o el de Valladolid. Por no mencionar, por supuesto, los reyes del glamour: Cannnes, Venecia y Berlín. No tiene tanto prestigio ni se ven tantas estrellas, pero las películas son igual de buenas (o regulares o malas) y, sobre todo, aún se puede estar, encontrar hotel en el centro, entrar en un restaurante y comer casi solo, acercarte a una barra ¡¡y llegar a ella!!
A diferencia del año pasado, esta vez el tiempo ha sido magnífico; luminoso y despejado, aunque un poco frío, lo que nos ha permitido pasear y aprovechar el tiempo mejor.
Llegamos a Gijón el día 17 hacia la hora de comer y, después de instalarnos en el hotel situado enfrente de la Escalerona y de comer muy bien, nos dirigimos al Teatro Jovellanos donde, en la sesión de las cinco, disfrutamos de la primera película con un lleno completo del lugar.


"Scary Mother" de Ana Urushadze es una película Georgiana tan aterradora como promete su título y tan admirable por su temática y la forma de tratarla como por la juventud de su directora. Me parece increíble que con veintisiete años,  Ana Urushadze, nacida en Tiflis, haya tenido la madurez suficiente para contar una historia dura, sin concesiones de ningún tipo. Manana es una mujer que además de ser ama de casa está escribiendo un libro. Su familia (marido y dos hijos adolescentes) aparentemente la apoya, le deja espacio, le da tiempo y le transmite ánimo y valor. Pero cuando por fin se decide a leerles la novela que ha escrito, en la que refleja toda su vida fallida, todo el fracaso que siente, toda la represión contra la que se rebela, la actitud de los suyos se manifiesta poco proclive a seguir consintiendo una actividad que, en el fondo, siempre han considerado un capricho  
Cuesta entender como, a la edad de la directora, se puede tener el bagaje necesario para transmitir toda la frustración de una mujer que ha pasado la vida cuidando de su marido, sus dos hijos y su perro, y se encuentra con nada entre las manos cuando decide aferrarse a sí misma y dejar de ser la madre de, la esposa de, el ama de. Tal vez en algunos países se madura más deprisa, algunas circunstancias aceleran el proceso que lleva de la adolescencia a la edad adulta y los veintisiete años de Georgia nada tienen que ver con los de la próspera Europa occidental infantilizada hasta la senectud. 
Una película dura, pero muy recomendable, que está preseleccionada para los Oscar de 2018.
Salimos del cine muy satisfechos y, después de pasar por el hotel a sacar los pies de las botas y los ojos de las lentillas, y poner las piernas en alto durante un rato (lo único malo del fin de semana ha sido la incomodidad de las butacas del Jovellanos), salimos a pasear por la noche de Gijón y a tomar un par de botellas de sidra. La noche estaba preciosa y el paseo fue de lo más agradable.

Vista nocturna de la playa de San Lorenzo

La sesión de las diez nos deparó más satisfacción si cabe con una película sencilla, de paisajes maravillosos y personajes entrañables. Ambientada en Menorca en plena Gran Guerra, cuando la gripe mal llamada española suponía una permanente amenaza, nos presenta a dos niños, Tina y Biel, que descubren la amistad, la libertad, el mar y el viento, mientras intuyen el delito, la traición y la derrota. "La vida lliure" de Marc Recha es una película preciosa en la que, a base de gestos, miradas y las palabras justas, se nos invita a participar de los sentimientos de dos niños que están aprendiendo a vivir mientra añoran a su madre que está trabajando en Argel. Tienen para ello dos buenos maestros: su tío, a cuyo cuidado los ha dejado su madre, y su amigo Rom (Sergi López), un enigmático personaje venido de no se sabe dónde y ocupado en no se sabe muy bien qué. La presencia de un barco fondeado en la bahía dota al ambiente de cierto misterio y le da a Tina oportunidad de soñar con un futuro lejos de lo que le puede proporcionar la isla. Hay hasta un tesoro enterrado. 

Macià Arguimbau, Sergi López y Mariona Gomila
La película está rodada en menorquín (tan solo Sergi López habla en catalán) y tiene una genial dirección de actores y una interpretación increíble por parte de los dos niños. Sergi López, fantástico, como siempre.
Por si faltaba algún aliciente, allí estaban el director, los niños y parte del equipo. Al final de la proyección hubo un coloquio con Marc Recha bastante interesante.
El domingo amaneció azul y luminoso lo que nos permitió pasear y dedicarnos a la oferta cultural de la ciudad. Por el paseo marítimo, contemplando la playa llena de gente, nos dirigimos hacia Cimadevilla donde visitamos las Termas Romanas de Campo Valdés que datan del siglo I, con reforma y apliación en el sigloII. Visitamos también la casa-museo de Jovellanos. Paseamos por el barrio, cada vez más bonito, repetimos sesión de sidrina y nos fuimos a comer.

Una vista de las termas romanas
Una de las obras de la casa-museo Jovellanos
Los carboneros. Juan Martínez Abades (1904)

Vista del patio de la casa-museo Jovellanos.

A las cinco, de nuevo en el Teatro Jovellanos, vimos la última película de este año, "En attendant les hirondelles" ("Until the birds return"). Y pongo ambos título porque con ambos indistintamente aparece en los diversos documentos, en papel y digitales, del Festival. Se trata de una película francesa ambientada en Argelia y dirigida por Karim Moussaoui. 
Cuenta tres historias independientes, con algún personaje común que las enlaza. También las enlaza el tema. Las tres historias tratan de la culpa, la lucha entre los deseos y lo que nos es impuesto, el remordimiento por lo que debimos hacer y no hicimos. En cada situación, se trata con distintos argumentos y distintas variables. Eso de contar varias historias que se imbrican por medio de algún personaje, protagonista en una y marginal en otra, es un recurso ya muy visto (aunque a mí me sigue gustando mucho) por lo que no se puede decir que la película sea muy original. No obstante, lo que menos me gustó es que las historias no llegan a tener suficiente entidad. Es como si estuvieran esbozadas, pero el autor se hubiera olvidado de dibujarlas; les falta algo para estar completas. El final deja libertad a la imaginación del espectador y eso, como todos sabéis, es algo importante para mí y a lo que le doy bastante valor. 
La película nos muestra un país destrozado, medio en ruinas y lleno de basuras y escombros, que aún no se ha recuperado de la terrible guerra que sufrió entre los años 1991 y 2002. No se ha recuperado ni en sus infraestructuras ni en los traumas vividos por la población.
También en esta ocasión estaba el director, muy joven, para un coloquio tras la proyección, pero había que volver a Santander y todavía nos quedaban dos horas de viaje. Eso, unido a que la película no nos había entusiasmado, hizo que nos fuéramos sin esperar.
Como siempre, la visita a Gijón muy agradable y esta vez, además, con buen cine.
Volveremos.


*Esta vez las fotos, con sus fallos y sus aciertos, son todas propias.


lunes, 20 de noviembre de 2017

"Vértigo"

Antigua estación de León ya abandonada. Rosa Berros Canuria (2017)

Tengo una incómoda y enervante sensación de vértigo. Me despierto por la mañana y la angustia se me agarra al estómago y me lo estruja y retuerce de manera que solo respirando hondo consigo enderezarlo y llevarlo a su tamaño y aspecto habituales. Pero enseguida la ansiedad, con su zarpa golosa, lo estruja de nuevo en un juego obsesivo en el que se ha empeñado en vencerme sin piedad. Así es que no consigo retener nada en el estómago y vomito sin parar; nada cabe en el gurruño arrugado en que está convertido la mayor parte del tiempo.
Hace varios días que le he perdido la pista. Después de saber en todo momento en qué lugar se encontraba, es como si, de repente, se hubiera confundido con el entorno para desdibujarse hasta hacerse invisible; como si se hubiera hecho bruma en el aire que respiro; como si hubiera ardido en el mismo fuego que me consume desde hace varios días; como si se hubiera licuado en el fondo del lago a donde voy a nadar cada atardecer; a donde iba, más bien,  porque tengo miedo de que surja algún indicio, alguna pista y me encuentre en medio del agua, sin móvil, sin ordenador, sin ninguno de esos artilugios por los que hoy en día nos llegan las noticias, las deseadas y las no tanto.
No sé dónde se encuentra, por dónde se me ha extraviado, en qué recóndito e inaccesible lugar se halla escondida. Sólo sé que necesito encontrarla como sea, saber dónde se encuentra, lejos o cerca. Necesito dar tregua a esta zozobra, despertarme por la mañana y ser la persona alegre y despreocupada que solía, dejar de sentir que según abro los ojos, un minuto antes de que suene el despertador, me va a saltar encima el malestar incómodo de la ansiedad y la angustia.
Desde que nos enamoramos, hace ya... unos años, nunca dejé de saber donde estaba. En todo momento, tanto si se hallaba en casa como si estaba ausente, bastaba una llamada telefónica, un corto viaje en un tren de cercanías, una pequeña subida a su estudio en la buhardilla, para encontrarme con ella o con su voz alegre y un tanto burlona; para sumergirme en su abrazo cálido y posesivo.
Incluso cuando se fue, después de que la amenaza latente se hiciera realidad y el abandono se materializara, nunca he dejado de saber su paradero con certeza. Ya me he encargado yo de seguirle la pista, aunque para ello haya sido necesario ayudarme de toda clase de subterfugios.
Ahora, por primera vez, no tengo ni idea de donde puede estar. Me resulta insufrible esta sensación desconocida. Es como si hubiera perdido mi anclaje al mundo; el mundo es ella y yo mirándola, yo viéndola, yo controlando su posición en cada momento. Si no puedo ubicarla, me desprendo del mundo y vuelve el vértigo. 
Llevo tres días siguiendo indicios que se pierden en esta estación. Hasta aquí llegó con su presencia furtiva, pero si partió, no se sabe cuando ni hacia dónde.
Me siento atacado por una insoportable sensación de impotencia y un insufrible ataque de ansiedad.
Tengo que encontrarla, saber lo que hace, qué piensa y qué planea, dónde está y a dónde se dirige, qué sabe. Sólo de esa manera podré adelantarme a ella e impedir que me encuentre. Esta estación está demasiado cerca. Debo encontrarla.


viernes, 17 de noviembre de 2017

"Crematorio" Rafael Chirbes

"Crematorio" es quizás uno de los libros más difíciles de Rafael Chirbes. Todo él es un monólogo o una sucesión de monólogos de diferentes personajes, aunque no siempre los monólogos estén en primera persona. Algunos lo están en tercera, pero no dejan de ser palabras salidas de dentro del personaje en cuestión, de sus recuerdos y sentimientos, de lo que piensa o le ocupa.
Matías Bertomeu acaba de morir en el hospital de Misent. Su vida, empapada en alcohol y ahumada de tabaco, ha resultado demasiado corta para albergar tanto whisky y nicotina como ha trasegado, y a los sesenta y cinco años su hígado y sus pulmones se han negado a seguir sosteniéndolo y se han dejado vencer por las metástasis. Matías ha muerto de excesos y sus familiares, no todos, se disponen a velar su muerte en el tanatorio como velaron su agonía en el hospital. "Querían que Matías muriese en su casa, en su cama, era eso lo que él habría querido. Pero el médico rechazó de plano esa posibilidad. Hagan ustedes el favor de no añadirle más sufrimiento a este hombre, lo que me proponen es una crueldad que yo no puedo aprobar".
Mientras le acompañan, o mientras evitan acompañarle, según de quien se trate, toman por turno la palabra, o la toma el narrador por ellos, y recuerdan tiempos pasados. Recuerdos acerca de Matías, pero también de ellos mismos, de Misent, de un pasado reciente y tan rico en matices y peripecias como es el pasado más reciente.
En esta novela, la historia de España, que Chirbes nos está contando en sus libros, avanza hasta mediados de la década de 2000. No se puede ubicar el año concreto, o a mí se me ha escapado, pero un comentario referido a la muerte de Carmina Ordóñez ("A ellas, lo que de verdad les preocupa es si la Ordóñez dicen que murió de una pasada de coca"), ocurrida en 2004, nos sitúa la acción en ese año o poco después. Contemporánea, se puede decir, de la época (2007) en la que está escrita.
Faltan aún unos años para la crisis y España levita de autosatisfacción. La actividad inmobiliaria está en pleno apogeo y parece que la época de vacas gordas no va a terminar nunca. En Misent, en la costa mediterránea, las urbanizaciones de lujo florecen como los narcisos en primavera y Rubén Bertomeu, el hermano mayor de Matías es uno de los constructores que se han enriquecido con el desarrollo de la ciudad. 
No se llevaban bien los hermanos. Matías ha mantenido la posición revolucionaria, la inocencia de la juventud impostada a través de los años. Amante de la naturaleza y los paisajes salvajes, vivió sus últimos tiempos en la casa familiar de El Pinar dedicado a la agricultura. Estudioso de guerras y revoluciones, partidario de la lucha armada, ha muerto sin conocer ninguna guerra, pero manteniendo, al menos en apariencia, todas las ideas de justicia social de su pasado.
Rubén, por su parte, se ha deslizado a un lado y a otro de la linea que bordea la legalidad. Al igual que su hermano, en su juventud coqueteó con las ideas de izquierdas y con los ambientes intelectuales. Estudió arquitectura, tal vez para completar las tres patas del arte con sus amigos, pintor uno (Montoliu) y escritor otro (Federico Brouard) "Arquitectura, pintura y literatura unidas como un arma, una especie de catapulta con la que apedrear aquel Misent que no acababa de despegarse de la grisalla de la guerra. Romper la grisura"
Portada alemana de
"Crematorio"
Rubén estudió arquitectura, pero decidió que quería hacer casas, no sólo proyectarlas para que otros las hicieran, así que se hizo constructor y millonario. Algo que nunca le pudo perdonar Matías.
Tampoco se lo perdona su hija Silvia, tan idealista a los cuarenta como lo era a los veinte. Desde pequeña, su tío Matías le ha regalado los libros que ha leído, la ha llevado al cine y le ha aconsejado películas y lecturas; ella considera que él la ha hecho como es y ha tomado a su tío Matías como el referente y el guía que nunca ha sido su padre. Aunque este no está muy de acuerdo "Lo que yo le he dado —comer, beber, vestir, estudiar, viajar; si te he llevado por medio mundo, le decía yo— vale menos que unos cuantos libros, que unas cuantas películas. El alma humana es así de irracional". Pero no todo en Matías es oro en la mente de Silvia. En esta noche de velatorio, recuerda a su tío como el hombre que hablaba mucho y actuaba poco, que casi no había viajado y lo ignoraba casi todo de aquellos lugares de los que tanto hablaba y a los que solo conocía por el cine y la televisión. Matías: mucho ruido y pocas nueces. Y llora, "llora porque su tío es un hombre vulgar, al que ella le ha hablado con amor".
Y Collado, el antiguo lugarteniente de Rubén, el que se ocupaba de los trabajos sucios y quedó enganchado a la mala vida que subyace por debajo de los negocios de su jefe, esa mala vida en la que nunca ha caído Rubén. Y los políticos cómplices, interesados, corruptos con naturalidad, sin sensación de delito ni pecado, como si la actividad ilegal en cuestión (la que sea y hay muchas) fuera consustancial al cargo y solo fuera punible en caso de ser descubierta. Y la sombra de un antiguo picadero; unos caballos muertos, enterrados y ahora sacados a la luz que pueden terminar con todo un entramado, aunque puede que todo siga tan atado y bien atado y protegido desde el poder como siempre lo ha estado.
Y Mónica la mujer de Rubén, casi cuarenta años más joven; y Brouard que tras romper su amistad con el hermano mayor se quedó con la del pequeño y ahora llora su muerte que prevé como un anticipo de la propia y de lo que siente como propio fracaso.
Y el viejo Misent que se compara con el nuevo y la nostalgia lleva a ensalzar el viejo pueblo de pescadores, pero Rubén, representando lo nuevo desde su ancianidad, recuerda que no todo lo antiguo fue siempre mejor sino que "era, a su manera, bastante más terrible. [...] la crueldad con los más pobres, las hambres espantosas, la represión política, la suciedad, la imposibilidad de pensar nada sin sentirte vigilado, ¿no me has contado tú todas esas historias?, ¿no las has contado incluso en tus libros? Aquello aún fue peor. Ahora se machaca sobre todo el paisaje, entonces se machacaba la vida humana".
Rafael Chirbes
En esta novela, Chirbes habla de todo, todo lo pone en boca de personajes muy diferentes y, a través de su distinta forma de ver el mundo, nos va haciendo dudar de cada cosa. Y si pensamos en la necesidad de mantener el arte, los paisajes, el modo de vida, enseguida nos topamos con la duda porque Rubén es un analista implacable, pragmático, sin concesiones. Rubén se convierte para mí en el revulsivo de todo aquello que, en principio, nos parece indiscutible. La realidad pasa por su ojo, se somete al bisturí de su análisis y sale diseccionada y con todos sus detalles al descubierto: "Durante una obra, destruyen una villa romana, destruyen un hamán almohade, una muralla califal, [...] Como si el hamán o la muralla califal no hubieran destruido la muralla o el templo que los precedió. ¿Cuál es el estrato en el que reside la verdad?", pero ¿es certero este diagnóstico? ¿cuánto tiene de observación interesada, de cotejo autodisculpatorio, de sofisma engañoso? ¿alarde de cinismo o de clarividencia? Cada uno lo tendrá que decidir por sí mismo, tendrá que revisar sus opiniones acerca de casi todo: el amor, la muerte, el arte, la fidelidad, la prostitución, el olvido, la chabacanería, el pelotazo, la enfermedad, la derrota, la política,  la traición... De todo hablan los personajes de esta extensa e interesante, que no fácil novela. 
"Crematorio" obtuvo el premio de la Crítica en 2007. En 2011 se adaptaría a TV en una serie de ocho episodios interpretada, tan bien como él sabía hacerlo, por Pepe Sancho en el papel de Rubén Bertomeu y dirigida por José Sánchez-Cabezudo. La serie es magnífica. He vuelto a verla y lo sigo manteniendo, y más teniendo en cuenta la dificultad de llevar a la pantalla puras reflexiones y recuerdos, pero en un buen ejercicio de adaptación se ha sabido dotar de trama a los pensamientos. Se han cambiado cosas, desde luego (vuelvo a lo de siempre: mejor calidad que fidelidad), pero sin perder la esencia de la historia, y, a pesar o a causa de esos cambios, la serie está considerada una de las mejores series españolas de todos los tiempos. De ella dijo Chirbes, "la serie, sí, bueno, pues es otra cosa... Han cogido la novela y han hecho su lectura, esto... Es que Crematorio, la novela, huye de la trama, huye de lo policíaco, huye del misterio, se sostiene en el puro lenguaje, pretende ser una catarsis a partir del lenguaje, es decir que sería un ejercicio casi jesuítico, diríamos, loyolesco, de que el lector se enfrente a toda una serie de cosas que intuye que están dentro de él y no quiere ver. Y la serie, pues es otra cosa. La televisión necesita tensión e intriga, son lenguajes y cosas distintas". No llego a colegir de sus palabras si le gustó o no. 
Quiero terminar con Rubén Bertomeu llorando, apoyado en el volante de su coche mientras descansa a un lado de la autopista; mirando en su interior sesenta años atrás (Hier encore, javais vingt ans) y viendo lo poco, o lo mucho, que todo ha cambiado. "Allí dentro, bajo el envoltorio de la piel, entre la carcasa de los huesos, en los torrentes circulatorios y en las tuberías por las que las verduras y la carne se convierten en pastas, el paso del tiempo no ha cambiado nada, o lo ha cambiado todo sin cambiar nada, digamos que lo ha dejado todo intacto, pero frío, un caldo que se toma a deshora y que ha perdido sus cualidades, su gracia, todo igual, el mismo guiso, pero en ese estado pegajoso, correoso, que toman los productos cuando se consumen varias horas después de cocinados. A lo lejos, el mar, una lámina de metal hirviente".



Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...