Cuentame una historia

Aquí todo son historias, algunas reales, pero casi todas imaginarias porque la realidad resulta demasiado increíble.

sábado, 24 de febrero de 2018

"Blonde" Joyce Carol Oates

Hoy voy a rescatar una reseña antigua. La publiqué  el 28 de febrero de 2015 por lo que en unos días va a hacer tres años.
En aquel momento, el blog no tenía apenas seguidores ni visitantes y esta entrada se quedó con dos comentarios (y uno fue mi respuesta). 
Haré las mínimas modificaciones. Tal vez no debería hacer ninguna, pero soy incapaz de releer un texto sin cambiar alguna cosa. Espero que os guste la reseña una pequeña parte de lo que a mí me gustó la novela.


En el año 2000, la escritora norteamericana Joyce Carol Oates publicó esta novela sobre la vida de Marilyn Monroe. Según dice la propia autora, quien busque datos biográficos de la actriz deberá consultar alguna de las biografías que se han escrito al efecto, porque esto no es una biografía. Esto es una novela y, como tal, solo es fiel a la verdad hasta cierto punto y se toma muchas licencias. Se han resumido algunos de los episodios de la vida de la actriz porque probablemente enumerarlos todos habría añadido poco interés y hubiera lastrado una obra extensa (tiene más de ochocientas páginas) sin añadir nada nuevo al retrato que nos hace del personaje. Y eso es lo que verdaderamente importa, el retrato de una mujer que era, por una parte, como aparecía en las películas: tierna, vulnerable, ingenua, buena... pero por otra parte, era todo lo contrario. No era la tontita guapa e ignorante; rubia y sin cerebro; alocada y un poco casquivana que nos mostraban la mayoría de sus personajes.
Era una mujer sensible que leía y escribía poesía, que asistía a cursos de Poesía Renacentista en la Escuela nocturna de la Universidad de Los Ángeles, que leía a Schopenhauer, a Darwin y a Freud, a Dostoievski y a Chejov; una actriz entregada, con un enorme talento, que intentaba entender a los personajes que interpretaba y siempre estaba dispuesta a repetir las escenas porque "Estoy segura de que lo puedo hacer mejor".
No voy a tratar aquí de la biografía de Marilyn, ni de lo que hay de verídico o de inventado en la novela. Esto es un comentario acerca de un libro y, por lo tanto, del libro, sea o no verídico, va a tratar.
Norma Jeane había nacido con las cartas marcadas en contra y fue incapaz de cambiarlas a lo largo de su corta vida: su madre era una mujer inestable, y enferma; alocada, fantasiosa e irresponsable. Pasó la mitad de su vida en hospitales psiquiátricos. Ni tenía recursos para mantenerla ni tuvo fuerzas para enfrentarse a los problemas sociales de una madre sola en 1926 por lo que dejó a la niña al cuidado de su propia madre, la abuela Della. Solo unos meses vivirían juntas madre e hija. Al tener la primera casa propia, quiso, por fin, hacerse cargo de la niña, pero una crisis nerviosa terminó con ella en el psiquiátrico y con Norma Jeane al cuidado de unos amigos. La abuela había muerto y, ante lo que se presentaba como una ausencia prolongada de la madre, deciden dejarla en un orfanato. Allí pasará varios años hasta pasar a una familia de acogida (sus reiterados sueños de ser adoptada se vieron siempre frustrados ante la negativa de la madre a ceder su custodia).
Aparentemente, comienza una vida normalizada  para la niña: va al colegio y al instituto, hace deporte, sale con amigas y con chicos... hasta que determinadas circunstancias la llevan a casarse a los dieciséis años. El matrimonio es feliz hasta que el marido se alista para luchar en la Segunda Guerra Mundial.
Hasta aquí, la vida de Norma Jeane ha sido la crónica de un abandono proporcionado en pequeñas dosis: abandono por parte de su padre al que nunca conoció ni llegó a saber quien era; el abandono de su madre que deserta de la niña, de sí misma y de la cordura; la dejación, en forma de orfanato, de los amigos que se quedan a su cargo; la expulsión, en forma de matrimonio, de la casa de acogida en la que había conseguido, casi, ser feliz; la huida de su marido, que siente la necesidad de aportar su granito de patriotismo y heroicidad contra los japoneses, pero también, de huir de una mujer que lo asfixia con su exceso de amor y su necesidad de atención y cariño. Demasiados abandonos en diecisiete años de vida.
A partir de la marcha del marido, por primera vez, Norma Jeane toma las riendas de su vida y empieza a ser dueña de su presente y de su futuro.
Vive sola y empieza a trabajar en la cadena de montaje de una fábrica. Por primera vez "¡Era libre! ¡Estaba sola!... No como huérfana. No como hija adoptiva. No como la hija, la nuera o la esposa de alguien"Y Norma Jeane ama la guerra porque "...era tan constante y fiable como el hambre o el sueño. La guerra siempre estaba ahí"Para una joven que ha sido dejada de lado tantas veces, algo inmutable, predecible, tiene que resultar un asidero lo suficientemente deseable como para no desear soltarse jamás. Aunque sea la guerra.
Se sorprende deseando que la guerra dure eternamente ya que su trabajo depende de la escasez de mano de obra masculina: a la guerra le debe su trabajo y su libertad. A su trabajo le deberá todo su futuro cuando aparezca un hombre que la observa desde la puerta, con una cámara de fotos en la mano, mientras vestida con mono trabaja en la cadena de montaje. Y una de las fotos se convierte en portada de un artículo sobre la mujer que trabaja por su patria. La foto llamó la atención y la futura actriz empezó a trabajar como modelo para la Agencia Preene. Era  1945 y Norma Jeane tenía 19 años. 
Por aquella época, de la aspirina Bayer que tomaba para aliviar las molestias de sus dolorosas menstruaciones, pasó a tomar codeína que le recetaba el médico de la Agencia. Así se inicia su idilio con las pastillas. Primero para el dolor; más tarde, para dormir, para tranquilizarse, para estimularse y trabajar más horas y en mejor forma. Un círculo de sensaciones químicas, auspiciado siempre por los médicos de Agencias y Productoras, que la llevaría, intencionadamente o por error, al final que todos conocemos (o puede que no).
De la Agencia de modelos, pasa a trabajar para la Productora y se pone en manos de un agente, I. E. Shinn. De esta manera comienza la carrera de actriz que la llevará a ser conocida por todos.
Se tiñe el pelo y se convierte en Marilyn Monroe, un personaje más, un personaje del que casi nunca estuvo satisfecha; siempre reivindicó su propia identidad de Norma Jeane; siempre se sintió poseída y un poco fagocitada por el personaje de Marilyn ("Marilyn no es más que una carrera. No tiene bienestar" le dice en una ocasión a Shinn cuando éste le recuerda que él se preocupa por la carrera y el bienestar de Marilyn). Siempre... hasta que, en sus últimas películas, se encuentra reivindicando el personaje antes detestado; busca a Marilyn en el espejo a medida que su maquillador va intentando el milagro; quiere ser Marilyn porque Marilyn es hermosa y alegre y querida; Marilyn es, en realidad, lo que ella está dejando se ser.
A lo largo de su carrera, con todos sus personajes se sintió identificada, de todos ellos pretendió conocer las motivaciones de sus actos, su más profunda psicología; a todos intentó darles un toque personal; con todos se implicó más allá de la pura interpretación de un papel. Y todos la fueron poseyendo; poco a poco fue siendo devorada por cada uno de ellos hasta que de ella ya no quedó nada.


Joyce Carol Oates

A todos sus personajes se entrega: las jóvenes simplonas y  alegres; tontitas y superficiales; ingenuas y vulnerables que destilan bondad y ternura, sensibilidad y un enorme y frágil corazón; la mujer adúltera, que desprecia a su marido (un héroe de Guerra al que intuimos impotente) y planea matarlo para huir con su amante; la loca niñera; la enternecedora intérprete de ukelele; la corista de viaje en autobús; la maravillosa Roslyn Tabor, su último papel en Vidas rebeldes, escrita por su marido (el Dramaturgo) y que es ella misma... hasta cierto punto; ("¡No una cosa rubia!, una mujer, por fin")
Cuando interpretó a  Lorelei Lee en"Los caballeros las prefieren rubias" (1953), tras leer el guión, insinuó que se le diera más profundidad a su personaje al que veía banal y poco elaborado. No le hicieron caso "...tú eres la rubia, Marilyn. Tú eres Lorelei".  
Y es que la gran desgracia de Marilyn fue ser rubia y tener un cuerpo escultural (el título de la más célebre canción de la película, "Diamonds are a girl's best friends", puede resumir el personaje). Su ignorancia (la de sus personajes) era el motivo cómico de sus comedias. Su belleza fue una cortina demasiado brillante que impidió que se viera lo que había detrás: un enorme talento y una intuición excepcional para entender las dimensiones de sus personajes.
Y qué decir de su vida privada. En la novela se le atribuyen, explícitamente varios amantes, tres maridos y dos abortos, pero se insinúa un sinfín de relaciones y varios abortos. Cada uno de estos episodios la fue dejando más magullada, vulnerable e indefensa. 
Sus otros dos maridos fueron "el ex Deportista" y el "Dramaturgo" (evidentemente Joe DiMaggio y Arthur Miller, aunque en ningún momento se les nombre). El primero la maltrataba físicamente y su matrimonio no dura ni un año. El segundo, un hombre pacífico, casi veinte años mayor que ella, la adoraba y ella a él, pero no pudieron superar la pérdida del hijo que esperaban y se terminan divorciando en 1961, apenas un año y medio antes de la muerte de Marilyn. 
A partir de ahí, la trayectoria de la actriz comienza la caída en picado. Sus amores con el "Presidente" (J. F. Kennedy?) y el trato que recibe de él (vejatorio y humillante hasta escocer el alma del que lo lee), no parecen ser ajenos a su declive psíquico.
El final de la novela es sensacional. Se van dando claves, pinceladas, nada se asegura, pero todo queda abierto: ¿tiene realmente un nuevo aborto de un hijo del Presidente o es solo un sueño? ¿su muerte corre a cargo del Francotirador? de ser así, ¿lo contrató el Ex Deportista, aún enamorado de ella y celoso? ¿lo contrató la Agencia (CIA) para proteger al Presidente? ¿tal vez lo contrató para hacer daño al Presidente una vez se hiciera pública toda la historia? ("Porque el Presidente y la Agencia no siempre eran aliados; la Presidencia era un poder efímero y la Agencia un poder permanente")
O sencillamente se suicidó al no poder soportar la última pérdida, la última traición: su antiguo amigo y amante, Cass Chaplin, muere ahogado en su vómito de borracho y ella descubre, en medio del dolor, lo que el amigo ha sido capaz de hacer por ella, a lo largo de los años: ¿una cruel broma o un acto de compasión mal entendida por parte del amigo?
Aunque puede que todo sea más simple y que en un descuido de alcohol y una sombra de fármacos, se confundiera con la cantidad de Nembutal necesario para conciliar el sueño una noche más.



miércoles, 21 de febrero de 2018

"Madrid: frontera" David Llorente


"Madrid es una ciudad de edificios vacíos. En la ciudad de Madrid (de hecho) hay más edificios vacíos que edificios ocupados. Hay más gente viviendo bajo la lluvia que viviendo bajo techo.
¿Y viviendo bajo las ramas de los árboles?
También".
No sé si "Madrid: frontera" es una distopía o una metáfora, aunque tal vez sea una distopía metafórica. Y es también una novela negra, tan negra como el cielo de Madrid. No sé si me fascina más que me inquieta o me inquieta más que me fascina. Lo que sé es que la he leído extrañada al principio, interesada un poco después y enganchada hasta los tuétanos la mayor parte del tiempo. 
Este libro me llegó porque ganó en 2017 el Premio Dashiell Hammet de la Semana Negra de Gijón. No sabía nada de la novela ni de su autor, pero ya no se me va a olvidar porque esta historia me ha arañado la sensibilidad y me ha dejado con los ojos demasiado abiertos y los sentidos expuestos y doloridos.
Empiezas a leer y te mosqueas porque te encuentras con un diálogo en el que un narrador, que permanece anónimo, le cuenta al protagonista su propia historia (la de este), y responde a las preguntas que sobre sí mismo le hace el protagonista. Un recurso narrativo original donde los haya: la novela está contada en segunda persona a través de una conversación. Sigues leyendo y empiezas a sangrar por las heridas, porque "Madrid: frontera" te agrede; es una novela provocadora, violenta, descarada con la verdad, insolente con lo más oscuro de nuestro mundo feliz, absolutamente intolerante con nuestra tonta complacencia. "Madrid: frontera" es una novela para quienes están dispuestos a darse de bruces con la realidad; no con la que nos cuentan los inanes programas de televisión, cada vez más de moda; no con la que nos cuentan los políticos interesados y estúpidamente satisfechos; no con la que leemos en novelas concebidas para hacernos sentir felices de tan bobos y de tan ignorantes voluntarios, y empeñados en que nadie nos saque de nuestra cómoda ignorancia. "Madrid: frontera" es una novela para los lectores masoquistas que se complacen en que les escupan a la cara las más terribles verdades que les rodean.
En Madrid ya no amanece. Es una noche permanente. En Madrid abundan los pisos vacíos y los bancos y banqueros que los han vaciado con ayuda de la autoridad judicial; abundan los desempleados que se pasean por el Jardín Botánico y abundan los comebasura ("A  los que han perdido la casa los llaman comebasura porque realmente se alimentan de basura") que asaltan los contenedores de los supermercados y restaurantes cuando sacan sus desperdicios desechados por los ricos tras su hartazgo. Los comebasura duermen en cualquier esquina y se tapan con cartones, a poder ser de frigorífico. 
En Madrid abundan también los animales de metal que se fabrican en la empresa Metalfix, porque el ser humano ha expulsado a los animales de verdad. "Los animales han abandonado la ciudad de Madrid. Hace un año que no sale el sol. No para de llover y el mar de Madrid se ha vuelto oscuro como la tinta". Y es que se me olvidaba decir que Madrid tiene mar y plataformas petrolíferas y sirenas que cantan y engañan a los hombres con promesas incumplibles, pero irresistibles.



También están los "no-gobernables" a los que persigue la policía y a los que golpea sin necesidad de que hayan hecho nada malo solo para desentumecer los músculos. Nuestro protagonista, Igi W. Manchester, es un no-gobernable. Son los únicos que se rebelan contra la autoridad asentada en El Cubo, un edificio sin puertas ni ventanas desde donde se gobierna-domina este mundo solo apto para los que tienen recursos y poder. 
En Madrid hay cadáveres enterrados en las cunetas y cuando se circula por la M-30 las voces de los muertos recuerdan a los conductores en qué clase de mundo podrido viven, por lo que ellos, con la carne de gallina, ponen la radio a todo volumen y se imaginan que nada se oye más que la música.
Ah, y me olvidaba de lo más importante: en Madrid, en la Plaza de Castilla, hay un crematorio de libros. A Igi W. Manchester se lo ha contado Norberto. Norberto, para que nadie la olvide, ha escrito una historia de cuando los tiempos aún eran vivibles en un Madrid con sol y animales cálidos como solo es cálida la vida y pisos habitados y personas con trabajo. Se titula "La crónica de los viejos tiempos" y "es un libro que habla de cómo era el mundo cuando éramos pequeños, ya sabes, antes de la lluvia, antes de la oscuridad, antes de que se marcharan todos los animales". Un libro que, a decir de Norberto cuando se lo regala a Igi, pronto será el único libro y por eso se lo da a él. Norberto se fía de Igi.
En Madrid hay pisos ostentosos y casas enormes con enormes jardines en barrios exclusivos. Estas viviendas sí están habitadas. Allí viven los banqueros y los miembros del Gobierno y los funcionarios que trabajan en El Cubo. Allí viven las familias decentes. Las mismas personas que disfrutan de los restaurantes exclusivos y los prostíbulos de lujo en los que trabajan estudiantes para pagarse los estudios. Y es que siempre hay quien saca provecho de las situaciones críticas y de las desgracias ajenas. La miseria de unos se labra a costa de lo que ellos pierden y otros ganan, por eso hay dos tipos de crisis, las crisis desdichadas y las crisis venturosas. Ambas se dan a la vez, pero en personas distintas.
Igi tiene que huir tras un enfrentamiento con dos agentes del Cubo; al menos, eso le cuenta el narrador que no creemos que tenga motivos para mentirle. Perderá su precaria estabilidad, conocerá personajes extremados y terminará refugiándose en una plataforma petrolífera, aunque pronto regresará. A su vuelta, concibe un plan que llevará a la práctica con enorme eficacia; un plan que, de salir bien (y mejor no le puede salir), dará un vuelco total a la situación en la que se encuentra él y a la de otras tantas personas no tan deseosas de que sus circunstancias cambien como lo está Igi. Llevará a cabo su venganza con perfección milimétrica. Pero en esa venganza, que tal vez no es tal venganza, perderá unas cosas y ganará otras. Si lo que gana compensa lo que pierde es algo en lo que, probablemente, no estaríamos de acuerdo con él, pero quién sabe si en sus mismas circunstancias habríamos hecho lo mismo porque es muy fácil juzgar desde encima del papel a los personajes que se desenvuelven entre sus letras y sus párrafos y sufren las ocurrencias del escritor. "Se dice que la venganza es dulce pero que después deja un sabor amargo. Es mentira. La venganza es dulce y nos deja en la boca un sabor a azúcar que no se nos irá en toda la vida.
Ni aunque vivamos mil años.
Eso es".
"Madrid: frontera" es una novela inquietante hasta la angustia, porque entre el mar de Madrid, las plataformas petrolíferas que rodean la ciudad, las sirenas y sus cantos, los animales de Metalfix y las voces de los muertos de la M-30, descubrimos cosas que nos resultan demasiado conocidas, demasiado cercanas; y esa convivencia de lo que sabemos cierto con la fantasía onírica y angustiosa que en la novela acompaña a lo real, nos resulta amenazante porque nos lleva a imaginar un tiempo, tal vez no demasiado lejano, en que todo se vuelva auténtico y en la novela termine por resultar indistinguible una cosa de la otra.

David Llorente
En su blog, David Llorente nos confiesa sus motivos: "No entiendo cómo se puede escribir desde la neutralidad y desde las manos limpias. Son el dolor y la indignación los que me ponen la mano en el hombro y me sientan a escribir todos los días. Hay, sin embargo, una condición indispensable: la sinceridad: no escribiré una sola frase que no sea susceptible de tatuármela en la piel". O como decía el gran Gabriel Celaya "Maldigo la poesia de quien no toma partido, hasta mancharse". David Llorente toma partido y se mancha y nos mancha y nos deja sangrando y en carne viva,  porque la distopía que nos cuenta nos resulta familiar, la vemos a cada paso y, desde hace años, convivimos a diario con sus macabras consecuencias. Unos más y otros menos.


domingo, 18 de febrero de 2018

"Verano 1993". Carla Simón.

"Verano 1993" es una dura historia totalmente basada en la vida de la directora. Intentaré no contar demasiado acerca de en qué consiste ese relato autobiográfico, porque yo vi la película sin saber apenas nada y creo que la disfruté más por eso. Si alguien aún ignora los hechos, prefiero no ser yo quien se los desvele y dejar esa labor a la propia película.
Debido a ello, en parte, pensé ponerla en una de las entradas con la etiqueta "Sin reseña". El no querer contar demasiado la hace ideal para esa sección. Pero digo "en parte" porque había otra razón. Es una película demasiado centrada en la vida de una niña de seis años y me cuesta mucho penetrar en ese mundo lo que me dificulta el escribir demasiado acerca de ello y hacer una reseña del tamaño que acostumbro.
Empecé a escribir y poco a poco me di cuenta de que la película me había gustado más de lo que creía, me había removido algunas cosas por dentro y me había impactado, como nunca pensé, ese mundo infantil quebrado como un frágil cristal que con sus pedazos afilados pone ese punto de perplejidad en los ojos de Frida, la niña protagonista que es el fiel trasunto de la directora.

Laia Artigas

La película, como podemos deducir por su título, narra el verano de 1993 para una niña que vive en Barcelona. Su madre ha muerto y ella ve como su mundo se trastorna al tener que abandonar todo lo que conoce para ir a vivir al Ampurdán con sus tíos y su prima Anna, una niña más pequeña que ella.
No se nos muestran grandes conflictos, ni grandes acontecimientos; tan solo el difícil y lento encaje de dos realidades que entran en contacto. Por un lado está Frida que tiene que acostumbrase a su nueva familia mientras intenta entender, casi sin saberlo, el porqué de su pérdida y del vuelco que ha ocasionado en su vida; por otro lado está la familia que tiene que incluir en su día a día a un nuevo miembro con todo lo que eso significa de bueno y de malo, sintiendo alternativamente que no puede ser y que tiene que ser.
Los dos personajes clave a la hora de enfrentarse a los dilemas que la historia plantea son Frida y su tía Marga. En ambas se concentra todo el conflicto y ambas están interpretadas con inmejorable resultado por Laia Artigas y Bruna Cusí, respectivamente.

Bruna Cusí y Paula Robles

Frida es una niña de seis años que no es muy consciente de lo que siente, pero en ella se manifiesta la rabia, los celos, el amor, el desamparo... y todo ello mezclado con la alegría espontánea y despreocupada de los niños, con sus enormes ganas de vivir y disfrutar y comerse la existencia a bocados, en un paisaje, por lo demás, totalmente idílico que invita al juego, la aventura y el peligro.
Marga se enfrenta a todas las contradicciones que supone hacerse cargo de la sobrina de su marido. Con rechazo en ocasiones, con total aceptación en otras, pero siempre con amor y entrega aunque a veces parezca que no puede más y que todo va a saltar por los aires.
"Verano 1993" me ha gustado. Me ha parecido un trabajo muy honesto en el que con toda sinceridad, pero con el alejamiento imprescindible para poder contar los hechos con verismo, la directora nos cuenta su propio verano de 1993, aquel verano en que su vida se dio la vuelta como un guante y empezó de nuevo, en otro lugar y con otra familia. Nos cuenta la tragedia de su infancia y cómo se puede superar si se tiene al lado gente empeñada en que se salga adelante, gente con la suficiente generosidad como para alterar su rutina y comprometer su tranquilidad al hacerse cargo de un nuevo miembro que no siempre lo pone fácil. 

Paula Robles y Laia Artigas

La historia nos entra por los ojos a base de escenas y gestos y comportamientos; no tiene demasiado diálogo y cuando lo tiene es tan natural que no parecen actores, lo que le da a la película un aire de documental que la hace más atractiva.
Sorprende, sobre todo el trabajo de las niñas. Siempre me ha admirado la capacidad de niños relativamente pequeños a la hora de meterse en la piel de un personaje y llevar a cabo una interpretación espontánea y creíble. Mayor mérito tiene en esta ocasión el papel de la prima de Frida interpretada por Paula Robles, una niña de unos cuatro años. Tiene muchos valores el trabajo de Carla Simón en "Verano 1993", pero uno de los más importantes es su trabajo en la dirección de las niñas.
Creo que al final he contado más de lo que pensaba, pero es que me he dejado llevar, porque la película, como digo, me ha gustado mucho, pero creo que para alguien más capaz de entender y de meterse en el mundo de los niños, tiene que ser una historia absolutamente mágica. A mí me cuesta, como he dicho. Es una tara mía (de las muchas que tengo), pero no acabo de estar a gusto con los niños, son seres extraños e incomprensibles para mí. Y, no obstante, llega a conmoverme el personaje y la actriz que lo interpreta. Su desvalimiento, su fragilidad en su situación incierta... su alegría, incomprensible en su desamparo, pero comprensible en el abandono un tanto amnésico de los niños, nos van ganando de principio a fin.
Carla Simón
"Verano 1993" se estrenó en el Festival Internacional de Cine de Berlín, y su guión lo
escribió la propia directora como trabajo del  III Laboratorio de Escritura de Guion Cinematográfico de la SGAE en el año 2015. Su éxito fue inmediato pues ya en la propia Berlinale fue premiada como mejor opera prima. Cuenta, además, con tres premios Goya: a la mejor actriz revelación para Bruna Cusí; mejor actor masculino de reparto para David Verdaguer, que interpreta al tío Esteve, y a la mejor dirección novel para Carla Simón. En el Festival de Málaga obtuvo la Biznaga de Oro a la mejor película. Eso por nombrar solo los más notables, porque la lista de sus premios es larga y merecida.


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